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♥¡Mentes perturbadas!♥

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domingo, 5 de junio de 2011

Este mundo de mierda.

Os voy a contar algo que me paso ayer, la verdad que que me avergüenza cada vez mas el tipo de mundo en el que vivimos, bueno os cuento...
Estaba en un bar con mi padre y mi tio, mis hermanas y mi primo estaban jugando en unos recreativos que estaban cerca cuando derrepense llega un compleaños, por lo menos diez niños se sentaron en una mesa no muy lejana a la nuestras. Todos empezaron a reir, no tendrian mas de seis añitos por lo que sonreí recordando a mi hermanita de la misma edad. Deje el libro que leia a un lado y me dediqué q mirar a los niños felices con sus hambuerguesas y sus bolsas de patatas cuando la madre de la cumpleañera miró hacia la mesa que estaba en frente de la suya con una mueca de asco.
Mi sonrisa se borró.
Allí, un niño solitario comia timidamente una hamburguesa, sin patatas, llevaba en la cabeza un cono de cumpleaños por lo que pertenecia a dicha fiesta. Su mirada era triste y sus mordiscos lentos, se notaba que le angustiaba que le sapararan de sus amigos.
¿Y por qué? ¿Por que le sapararon?
Simple. La respuesta estaba tatuada en su piel, oscura como la noche.
Todos los padres de los niños miraban al moreno con cara tremendamente arrepentida, pero al fijar su vista en la anfritiona tan solo se dedicaron a ignorarlo, no querían que sus hijos pagaran las consecuencias.
Cobardes.
Me levanté de mi asiento y corrí hacia la barra, allí compre dos bolsas de patatas, de las grandes, y con la mirada fija en aquella mujer sin escrupulos me senté al lado de aquel niño de hombros caidos que intentaba cubrirse lo maximo posible la prueba de que su piel morena era diferente a las demas.
Sus ojos se mostraron asustados cuando vio que me sentaba a su lado, le sonreí y le tendí la bolsa de patatas. Temeroso la aceptó y me regaló una sonrida blanca como la luna, una sonrisa infaltil que aquella despreciable mujer pretendía borrar.
No se cuantas horas pasé al lado de aquel niño, él me contaba con renovada ilusión todo lo que le venía a la mente. Su nombre era Clauden, hermoso nombre para hermoso niño. Hacía gestos con las manos para intensificar sus relatos y yo no podía mas que sonreír.
Me sentí bien al notar las miradas orgullosas de mi padre y mi tio en la espalda.
La anfitriona no paraba de mandarme miradas envenenados, y yo, claro esta, no me quede atras, llegue incluso a sacarle la lengua por petición de Clauden que no hizo mas que casi atragantarse con una patata por la risa.
Los niños se fueron a jugar, miré a Clauden esperando que el tambien se fuera, pero seguía en la misma posicion, haciandome fotos con mi movil.
-¿Por que no vas a jugar?- le pregunté.
-¿Quieres que me vaya?- sus ojos volvieron a parecer tristes, le abracé.
-¡Claro que no! Pero pensé que alomejor te divertirias mas con los demas niños.
-Me divierto aquí, contigo- me miró y una sonrisa espectacular cruzó su rostro- Gracias.
-¿Por qué?
-Por ser como eres.
Me quedé pensando toda la tarde sobre lo que Clauden me habia dicho, después de eso siguio haciendo fotos a las caras raras y divertidas que le ponía hasta que su madre llegó. Parecía indiganda cuando entró al bar y sus de sus ojos parecian brotar lagrimas de impotencia.
Pero su mirada se ilumino al ver que su hijo no estaba solo.
Me lo agradecia, me suplicó que aceptara el dinero de las patatas a lo que miré mal a Clauden por chivarse de eso, él me miro inocentemente con una sonrisa.
Antes de irse me abrazó y besó mi mejilla, yo me acerqué a su oido y susurré:
-Nunca dejes que te pisen ¿me oyes? NUNCA.
Y se fue, dejando tras de sí el rastro de este horrible mundo en el que vivimos, un mundo en el que el color de la piel importa mas que el color de los ojos.
Un mundo lleno de mierda.

domingo, 27 de marzo de 2011

My angel

Melody soltó el poco aire que había en sus pulmones dejandose llevar por la vision. Iba a ser doloroso, notaba ese sufrimiento como suyo propio, mas intenso que otras veces. Veía cerrarse dos ojos cristalinos y oía como las pulsaciones descendian el ritmo.


Dio por terminada la vision, ese humano parecía afectarle mas que cualquier otro que hubiera ayudado a llegar al cielo, ser un ángel de la muerte no la entusiasmaba en absoluto.


Bajo la atenta mirada de los ángeles custodios descendió a la Tierra notando como las plumas de sus alas se crispaban ante tanta suciedad humana que constituía ese planeta.


Paseó entre personas sin ser vista, solo algun que otro humano afortunado podía divisar el arco-iris que se reflejaba en su cabello azabeche en tan solo un segundo, como un sueño.


Notaba en su interior la cercanía de cuyo humana albergaba el alma que ella acompañaría a la otra vida, podría llevarle meses mas ser ángel de la muerte le daba ciertas libertades.


Sentada a la sombra de un árbol con el suave viento rozandole las alas, admiraba al hermoso chico estudiando unas mesas mas allá de su posicion, no tendría mas de diecisiete años.


Toda la vida que le quedaba por delante y ella venía a arrebatarsela.


Se acercó y miró por encima del fornido hombro del chico el libro de Medicina que leía, irónico. Mas de cerca pudo notar la belleza de las facciones varoniles de aquel muchacho, ''tanta bellaza no la merecía la Tierra'', se reprendió por aquel pensamiento y esperó. Esperó a ese fatidico dolor que le esperaba.


Pasaron los meses y Melody pensó que su vision habia fallado, el chico que custodiaba no daba señales de morir pronto. Era atletico, inteligente y sano, algo que despertó la admiración del ángel. Melody lo vigilaba a todas horas, simplemente permaneciendo a su lado y algunas veces, susurrandole al oído palabras que él necesitaba oír. Se había convertido en algo importante para ella sin quererlo, ahora ella no quería que muriese.


Decidida a marcharse rumbo al cielo, una noche que él dormia placidamente, lo que tuvo que suceder, sucedió. El corazón del humano sufrió un paro cardíaco de improvisto.


Melody se arrodilló junto a él y unas pequeñas lagrimitas de cristal cayeron de sus ojos, acarició el cabello del chico como solía hacer mientras él dormia y lentamente pudo ser publico de lo que sucedía con el alma que luchaba por salir de ese cascarón frío y sin vida que era ahora el cuerpo humano del chico.


-¿Estoy muerto?- preguntó el alma semejante al muchacho, pero mas radiante y luminosa.


Melody se secó las lagrimas y asintio, triste de que todo acabara, llevaría el alma a la otra vida y se embarcaría en otra misión.


-Imposible, no puedo estar enamorado y muerto a la vez...


Melody le miró y un atisbo de esperanzo cruzó su cuerpo angelical.


-Siempre has estado a mi lado, te notaba cerca de mi... Si morir es poder estar contigo, me alegro de que así sea.


Como dos piezas de un mismo rompecabezas sus cuerpos se juntaron en un mismo ser, una única luz que brillaba con fuerza y esperanza.


La esperanza de un amor que acababa de nacer.

sábado, 26 de marzo de 2011

Carmesí

El señor Stoker miraba desde su posición esa diminuta mano que se dedicaba a acariciar la suave tela del mantelin que cubria la mesa en la que reposaba, sintiendose impotente por primera vez en su vida. En su cabeza se retorcian ideas y pensamientos tales que sus ojos podian revelar hasta el mas profundo que albergaba su juvenil alma, uno en concreto hacia que quisiera levantarse e irse de ese agonizante baile en contra de las normas de gentileza y decoro.
Rechazando groseramente conversación con muchachas de su misma posición social, deseaba egoistamente que cierta dama de labios carmesí recibiera gustosa las palabras que salian de los suyos, mas ella seguia indiferente a la lucha interior del señor Stoker.
Intentaba pensar en lo que le debía a su familia, a generaciones de tradición que él se negaba a seguir, pues al morir su padre estaba destinado desde su mas tierna infancia s contraer matrimonio con Lady Charlotte de Porte, hija de la difunta Lady Jane de Porte, hermana de su padre y ex-propietaria de una gran fortuna.
Pero el señor Stoker no podía dejar de contemplar tan elegante figura que arrancaba lo mejor de él y le hacía sentirse dicho con tan solo su presencia, sin importarle tradiciones o legados.
A su alrededor parejas de baile, sonrientes y vivaces impedian su total visión a su eterna enamorado, pues lo que Isabella Hayes despertó en él no era mas que un puro y tierno amor que llevaba años apresendo, anelando ser libre, vanidoso contra todo esperanza.
Terminado ya su juego, la señorita Hayes recogió la tela azul que cubría sus piernas y recorrió con la mirada el salon en busca de su hermana melliza y mejor confidente, Isabel Hayes. Cual fue su sorpresa al verla con expresión dichosa y labios sonrientes, envuelta entre los brazos del señor SchoolMacker como la mejor pareja de baile del salón. En su interior albergaba la esperanza de ver a su hermana felizmente casada antes de los veinte. Lastima que para ella no tuviera tales pensamientos pues bien sabia que no se entregaría a cualquier hombre que pidiera su mano, solo un amor ardiente la haría sucumbir ante las espectativas del matrimonio bien visto. Gracias a su alta posicion social disponia de ventajas que ponian de su parte tal deseo, pues dinero no le faltaba y mucho menos belleza aunque sea reacia a admitirlo, la vanidad no jugaba un papel importante en su vida.
Dibujada una sonrisa en su pulcro rostro pudo sentarse en un sillon frente a un gran ventanal , admirando la palidez de la luna y su majestuosa redondez, deseandola como cualquier joven dama la desearía.
Dentro de su aturdimiento pudo notar una taladrante mirada penetraba en lo mas ondo de su ser, haciendola alzar la vista y así encontrarse con los azules ojos del señor Stoker, tan expresivos que tuvo deseos de fundirse en ellos durante toda la velada. Sintiendo como su pequeño corazón latia desbocado en su pecho, cogió la mano que el señor Stoker le tendía en una clara invitacion para concederle un baile.
Al compas de las suaves notas del vals, el señor Stoker soñaba despierto, no queriendo que la noche acabara pues tenía a su amada fuertemente pegada a su cuerpo, mas de lo que el decoro exigía , y ella no hacia amago de alejarse, dejandole disfrutar de la vista mas cercana de sus ojos color esmeralda y de el calor que sus labios carmesí desprendian.
Isabella miraba fascinada a su compañero, dejando que las sensaciones y sentimientos la abordaran con gusto. ''Esto es lo que se tiene que sentir'' pensó regicijandose en su propia alegría al comprender por que sus mejillas estaban sonrojadas, por que sus ojos tenian un brillo mas acentuado y por que no le importaría seguir bailando durante toda la noche solo por seguir entre los brazos del señor Stoker. Notaba como la mirada de él la desnudaba y veía dentro de su propia alma, todos sus deseos y tristezas, alegrias y anelos quedaron eclipsados por la fueza de sus iris color turquesa.
Bailaron tantas veces como los delicados pies de Isabella aguantaron, mirandose a los ojos sin palabras, conociendose por la forma de bailar.
Isabella sentía los ojos de su hermana en la coronilla, mas sin verlos pudo imaginarse la feliz sonrisa que los acompañaba.
El señor Stoker en cambio, en una de las tantas vueltas a su amada aparecia en su campo visial la enrojecida cara de Lady Charlotte en uno de los rincones del salón, su mirada desaprovatoria taladraba al señor Stoker pero con gran indiferencia la dejó pasar, disfrutando a lo sumo del pequeño mundo en el que se encontraba junto con su amada Isabella.